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23 ago. 2012

Juzgando a los demás


Juzgando a los demás
Uno de los monjes de Esceta cometió una falta grave y llamaron al ermitaño más
sabio para que pudiera juzgarlo.

El ermitaño rehusó, pero insistieron tanto que terminó yendo. Llegó allí, cargando
en la espalda un balde agujereado, de donde se escurría arena.

- Vine a juzgar a mi prójimo -dijo el ermitaño al superior del convento-. Mis
pecados se están escurriendo detrás mío como la arena se escurre de este balde.
Pero como no miro hacia atrás y no me doy cuenta de mis propios pecados, fui
llamado para juzgar a mi prójimo!

Al escucharlo, los monjes desistieron de aplicar el castigo.

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