Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra, todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, como siempre tan loca, les propuso: !vamos a jugar a las escondidas¡ La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: ¿A las escondidas? ¿Qué es eso? Es un juego, explicó la locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando haya terminado de contar, el primero al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
El entusiasmo bailó seguido por la euforia, la alegría dió tantos saltos que terminó por convencer a la duda. La felicidad festejó junto a la belleza. Pero no todos quisieron participar; la verdad prefirió no esconderse; total, a la larga siempre la encuentran. y la soberbia opinó que era un juego de tontos -en realidad lo que le molestaba era que no se le había ocurrido a ella-, y la cobradía prefirió no arriesgarse.
