Ebook

17 jun 2013

La Ira

La Ira

Se te calienta la sien, los órganos se te comprimen, 
forjando batallas por espacios largos. 
Nace instintivamente, como volcán en erupción 
y te ves impotente, consternado. 
Ya la sentí, ya la sentiste, ya la sentimos. 

Se adueña de tus acciones, 
si te dejas llevar por los impulsos
 y no rompes su ciclo perverso. 
Es egocéntrica y ambigua, 
consume atención en exclusiva,
 no responde a la coherencia. 
Carece de objetivo, lo desconoce.

Es reactiva. Destructiva.

Habla alto, chilla, ininteligible. Indescifrable. 
Impide ver con claridad, reflexionar con lucidez 
y argumentar con cordura
Te conserva en el sendero del aislamiento 
y la soledad, de la miseria afectiva.
 Irrefutable penuria humana.


¿Te dejarás llevar…?

15 jun 2013

Doy Gracias...

Doy gracias...

Doy gracias a los que están y estarán siempre,

A los que tarde o temprano se acabarán marchando;

A los que estuvieron, a los que estarán;

A los que han estado durante muy poco tiempo,

Y a los que han estado desde siempre.


A los que aparecieron en el peor de los momentos

Para convertirlo en el mejor de todos.

A los que desaparecieron

Y sin embargo dejaron huellas tan profundas

Que ni todos los que vendrán podrán borrarlas


A todos ellos… Gracias.

13 jun 2013

Dios y el zapatero

Dios y el zapatero

Cierta vez,  Dios bajó a la tierra para ver a toda su creación y llegó hasta la casa de un zapatero, que vivía muy inconforme.

-He caminado mucho -le dijo Dios al zapatero-. Tengo mis pies maltratados y los zapatos muy maltrechos. ¿Puedes darme unos zapatos para mis pies? Pero no tengo con qué pagarte.

El zapatero miró a Dios y refunfuñó:

Ya estoy cansado que los demás me pidan cosas y no recibir nada a cambio. Yo también tengo necesidades, tengo sueños que no he podido realizar porque no tengo dinero.

Dios lo miró amablemente .

Yo puedo darte todo el dinero que quieres –dijo-. A cambio solo te pido que me des tus piernas.

El zapatero lo miró absorto.

No puedo darte mis piernas –gruñó-. Las necesito para caminar, para correr tras mis hijos por el campo… ¡Definitivamente mis piernas no!

-Entonces, a cambio dame tus brazos.

-¡Claro que no! ¿Y cómo voy a abrazar a mi esposa, a coger de las manos a mis hijos…? ¿Cómo voy a comer?

-¿Qué tal tus ojos?  -ahora Dios lo miro sonriente-. A cambio me darás tus ojos.

-¿Cómo podría darte mis ojos?  Con ellos veo todas las mañanas lo maravilloso que es el amanecer. Puedo percibir el dulce amor de mi esposa y lo hermosas que son las flores del campo. Ahora que lo pienso no me había dado cuenta de todo lo que tengo. Creo que solo te daré tus zapatos.

Dios lo miró complacido. Al fin el zapatero comprendió toda la riqueza que tenía.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...